Hay ocasiones en que escucho una canción de aquellas que ocupaban la frecuencia de la radio en los años ochenta o noventa, y se me vienen a la mente no tanto recuerdos, sino sensaciones, emociones, sentimientos que hacía tiempo no sentía.

El tiempo pasado no necesariamente es mejor que el presente, pero la infancia, donde casi todo es novedad y donde conocemos un mundo pequeño, nos pone a salvo del dolor.

Cuando miro atrás, echo mucho de menos a la gente que no está. Y en los últimos años, he experimentado de cerca, algo que en mi infancia nunca viví, por fortuna: la partida de niños. La muerte de un niño es algo, por demás decir, doloroso, impensable, crudo, antinatural…

Eso es algo que me gusta del tiempo pasado, pensar que nadie había muerto (aunque obviamente en mi existencia que es nada al lado de la existencia de la humanidad).

Y si duele pensar en las muertes de seres queridos, cuando pienso en las madres que han perdido a un hijo, recuerdo las sabias palabras de mi abuela, quien perdió a dos de sus hijas siendo aún muy pequeñas: es que esos niños, mi hijita, no eran para este mundo…

Sin duda alguna, creo que mi abuela tenía razón.

Avatar de Maribel Wang

Publicado por

Categories:

Deja un comentario